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sábado, 31 de octubre de 2015

YA MUSTAFA - SAMI YUSUF


MUJERES - PABLO SIGISMONDI Y ANDRUETTO (FOTOS)

Mujeres
Afganistán. Fotos: Pablo Sigismondi del libro "Mujeres".

Mujeres
Argentina. Fotos: Pablo Sigismondi del libro "Mujeres".

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África. Fotos: Pablo Sigismondi del libro "Mujeres".

Mujeres


Mujeres
India. Fotos: Pablo Sigismondi del libro "Mujeres".

Mujeres
Indonesia. Fotos: Pablo Sigismondi del libro "Mujeres".

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México. Fotos: Pablo Sigismondi del libro "Mujeres".

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Mozambique. Fotos: Pablo Sigismondi del libro "Mujeres".

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Rusia. Fotos: Pablo Sigismondi del libro "Mujeres".

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Sri Lanka. Fotos: Pablo Sigismondi del libro "Mujeres".

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Tahití. Fotos: Pablo Sigismondi del libro "Mujeres".

Mujeres
Tanzania. Fotos: Pablo Sigismondi del libro "Mujeres".

FUENTE: ELDOCE


miércoles, 28 de octubre de 2015

"SER COMO ELLOS" EDUARDO GALEANO



Los sueños y las pesadillas están hechos de los mismos materiales, pero esta pesadilla dice ser nuestro único sueño permitido: un modelo de desarollo que desprecia la vida y adora las cosas.


¿Podemos ser como ellos?

Promesa de los políticos, razón de los tecnócratas, fantasía de los desamparados: el Tercer Mundo se convertirá en Primer Mundo, y será rico y culto y feliz, si se porta bien y si hace lo que le mandan sin chistar ni poner peros. Un destino de prosperidad recompensará la buena conducta de los muertos de hambre, en el capítulo final de la telenovela de la Historia. Podemos ser como ellos, anuncia el gigantesco letrero luminoso encendido en el camino del desarrollo de los subdesarrollados y la modernización de los atrasados.

Pero lo que no puede ser, no puede ser, y además es imposible, como bien decía Pedro el Gallo, torero: si los países pobres ascendieran al nivel de producción y derroche de los países ricos, el planeta moriría. Ya está nuestro desdichado planeta en estado de coma, gravemente intoxicado por la civilización industrial y exprimido hasta la penúltima gota por la sociedad de consumo.

En los últimos veinte años, mientras se triplicaba la humanidad, la erosión asesinó al equivalente de toda la superficie cultivable de los Estados Unidos. El mundo, convertido en mercado y mercancía, está perdiendo quince millones de hectáreas de bosque cada año. De ellas, seis millones se convierten en desiertos. La naturaleza, humillada, ha sido puesta al servicio de la acumulación de capital. Se envenena la tierra, el agua y el aire para que el dinero genere más dinero sin que caiga la tasa de ganancia. Eficiente es quien más gana en menos tiempo.

La lluvia ácida de los gases industriales asesina los bosques y los lagos del Norte del mundo, mientras los desechos tóxicos envenenan los rios y los mares, y al Sur la agroindustria de exportación avanza arrasando árboles y gente. Al Norte y al Sur, al Este y al Oeste, el hombre serrucha, con delirante entusiasmo, la rama donde está sentado.

Del bosque al desierto: modernización, devastación. En la hoguera incesante de la Amazonia arde media Bélgica por año, quemada por la civilización de la codicia, y en toda América Latina la tierrase está pelando y secando. En América Latina mueren veintidós hectáreas de bosque por minuto, en su mayoríasacrificadaspor las empresas que producen carne o madera, en gran escala, para el consumo ajeno. Las vacas de Costa Rica se convierten, en los Estados Unidos, en hamburguesas McDonald's. Hace medio siglo, los árboles cubrían las tres cuartas partes del territorio de Costa Rica: ya son muy pocos los árboles que quedan, y al ritmo actual de deforestación, este pequeño país será tierra calva al fin del siglo. Costa Rica exporta carne a los Estados Unidos, y de los Estados Unidos importa plaguicidas que los Estados Unidos prohíben aplicar sobre su propio suelo.

Unos pocos países dilapidan los recursos de todos. Crimen y delirio de la sociedad del despilfarro: el seis por ciento más rico de la humanidad devora un tercio de toda la energía y un tercio de todos los recursos naturales que se consumen en el mundo. Según revelan los promedios estadísticos, un solo norteamericano consume tanto como cincuenta haitianos. Claro que el promedio no define a un vecino del barrio de Harlem, ni a Baby Doc Duvalier, pero de cualquier manera vale preguntarse: ¿Qué pasaría si los cincuenta haitianos consumieran súbitamente tanto como cincuenta norteamericanos? ¿Qué pasaría si toda la inmensa población del Sur pudiera devorar al mundo con la impune voracidad del Norte? ¿Qué pasaría si se multiplicaran en esa loca medida los artículos suntuarios y los automóviles y las neveras y los televisores y las usinas nucleares y las usinas eléctricas? ¿Qué pasaría con el clima, que está ya cerca del colapso por el recalentamiento de la atmósfera? ¿Qué pasaría con la tierra, con la poca tierra que la erosión nos está dejando? ¿Y con el agua, que ya la cuarta parte de la humanidad bebe contaminada por nitratos y pesticidas y residuos industriales de mercurio y plomo? ¿Qué pasaría? No pasaría. Tendríamos que mudarnos de planeta. Éste que tenemos, ya tan gastadito, no podría bancarlo.

El precario equilibrio del mundo, que rueda al borde del abismo, depende de la perpetuación de la injusticia. Es necesaria la miseria de muchos para que sea posible el derroche de pocos. Para que pocos sigan consumiendo de más, muchos deben seguir consumiendo de menos. Y para evitar que nadie se pase de la raya, el sistema multiplica las armas de guerra. Incapaz de combatir contra la pobreza, combate contra los pobres, mientras la cultura dominante, cultura militarizada, bendice la violencia del poder.

El american way of life, fundado en el privilegio del despilfarro, sólo puede ser practicado por las minorias dominantes en los países dominados. Su implantación masiva implicaría el suicidio colectivo de la humanidad.

Posible, no es. Pero, ¿sería deseable?


¿ Queramos ser como ellos?

En un hormiguero bien organizado, las hormigas reinas son pocas y las hormigas obreras, muchísimas. Las reinas nacen con alas y pueden hacer el amor. Las obreras, que no vuelan ni aman, trabajan para las reinas. Las hormigas policías vigilan a las obreras y también vigilan a las reinas.

La vida es algo que ocurre mientras uno está ocupado haciendo otras cosas, decía John Lennon. En nuestra época, signada por la confusión de los medios y los fines, no se trabaja para vivir: se vive para trabajar. Unos trabajan cada vez más porque necesitan más que lo que consumen; y otros trabajan cada vez más para seguir consumiendo más que lo que necesitan.

Parece normal que la jornada de trabajo de ocho horas pertenezca, en América Latina, a los dominios del arte abstracto. El doble empleo, que las estadísticas oficiales rara vez confiesan, es la realidad de muchísima gente que no tiene otra manera de esquivar el hambre. Pero, ¿parece normal que el hombre trabaje como hormiga en las cumbres del desarrollo? ¿La riqueza conduce a la libertad, o multiplica el miedo a la libertad?

Ser es tener, dice el sistema. Y la trampa consiste en que quien más tiene, más quiere, y en resumidas cuentas las personas terminan perteneciendo a las cosas y trabajando a sus órdenes. El modelo de vida de la sociedad de consumo, que hoy día se impone como modelo único en escala universal, convierte al tiempo en un recurso económico, cada vez más escaso y más caro: el tiempo se vende, se alquila, se invierte. Pero, ¿quién es el dueño del tiempo? El automóvil, el televisor, el video, la computadora personal, el teléfono celular y demás contraseñas de la felicidad, máquinas nacidas para ganar tiempo o para pasar el tiempo, se apoderan del tiempo. El automóvil, pongamos por caso, no sólo dispone del espacio urbano: también dispone del tiempo humano. En teoría, el automóvil sirve para economizar tiempo, pero en la práctica lo devora. Buena parte del tiempo de trabajo se destina al pago del transporte al trabajo, que por lo demás resulta cada vez más tragón de tiempo a causa de los embotellamientos del tránsito en las babilonias modernas.

No se necesita ser sabio en economía. Basta el sentido común para suponer que el progreso tecnológico, al multiplicar la productividad, disminuye el tiempo de trabajo. El sentido común no ha previsto, sin embargo, el pánico al tiempo libre, ni las trampas del consumo, ni el poder manipulador de la publicidad. En las ciudades del Japón se trabaja 47 horas semanales desde hace veinte años. Mientras tanto, en Europa, el tiempo de trabajo se ha reducido, pero muy lentamente, a un ritmo que nada tiene que ver con el acelerado desarrollo de la productividad. En las fábricas automatizadas hay diez obreros donde antes había mil; pero el progreso tecnológico genera desocupación en vez de ampliar los espacios de libertad. La libertad de perder el tiempo: la sociedad de consumo no autoriza semejante desperdicio. Hasta las vacaciones, organizadas por las grandes empresas que industrializan el turismo de masas, se han convertido en una ocupación agotadora. Matar el tiempo: los balnearios modernos reproducen el vértigo de la vida cotidiana en los hormigueros urbanos.

Según dicen los antropólogos, nuestros ancestros del Paleolítico no trabajaban más de veinte horas por semana. Según dicen los diarios, nuestros contemporáneos de Suiza votaron, a fines de 1988, un plebiscito que proponía reducir la jornada de trabajo a cuarenta horas semanales: reducir la jornada, sin reducir los salarios. Y los suizos votaron en contra.

Las hormigas se comunican tocándose las antenas. Las antenas de la televisión comunican con los centros de poder del mundo contemporáneo. La pantalla chica nos ofrece el afán de propiedad, el frenesí del consumo, la excitación de la competencia y la ansiedad del éxito, como Colón ofrecía chucherías a los indios. Exitosas mercancías. La publicidad no nos cuenta, en cambio, que los Estados Unidos consumen actualmente, según la Organización Mundial de la Salud, casi la mitad del total de drogas tranquilizantes que se venden en el planeta. En los últimos veinte años, la jornada de trabajo aumentó en los Estados Unidos. En ese período, se duplicó la cantidad de enfermos de stress.



La ciudad como cámara de gas

Un campesino vale menos que una vaca y más que una gallina, me informan en Caaguazú, en el Paraguay. Y en el nordeste del Brasil: Quien planta no tiene tierra, quien tiene tierra no planta.

Nuestros campos se vacían, las ciudades latinoamericanas se hacen infiernos grandes como países. La ciudad de México crece a un ritmo de medio millón de personas y treinta kilómetros cuadrados por año: ya tiene cinco veces más habitantes que toda Noruega. De aquí a poco, al fin del siglo, la capital de México y la ciudad brasileña de San Pablo serán las ciudades mayores del mundo.

Las ciudades del Sur del planeta son como las grandes ciudades del Norte, pero vistas en un espejo deformante. La modernización copiona multiplica los defectos del modelo. Las capitales latinoamericanas, estrepitosas, saturadas de humo, no tienen carriles para bicicletas ni filtros para gases tóxicos. El aire limpio y el silencio son artículos tan raros y tan caros que ya ni los ricos más ricos pueden comprarlos.

En el Brasil, la Volkswagen y la Ford fabrican automóviles sin filtros para vender en el Brasil y en los demás países del Tercer Mundo. En cambio, esas mismas filiales brasileñas de Volkswagen y Ford producen automóviles con filtros (convertidores catalíticos) para vender en el Primer Mundo. La Argentina produce gasolina sin plomo para la exportación. Para el mercado interno, en cambio, produce gasolina venenosa. En toda América Latina, los automóviles tienen la libertad de vomitar plomo por los caños de escape. Desde el punto de vista de los automóviles, el plomo eleva el octanaje y aumenta la tasa de ganancia. Desde el punto de vista de las personas, el plomo daña el cerebro y el sistema nervioso. Los automóviles, dueños de las ciudades, no escuchan a los intrusos.

Año 2000, recuerdos del futuro: gente con máscaras de oxígeno, pájaros que tosen en vez de cantar, árboles que se niegan a crecer. Actualmente, en la ciudad de México se ven carteles que dicen: Se ruega no molestar los maros y Favor de no azotar la puerta. Todavía no hay carteles que digan: Se recomienda no respirar. ¿Cuánto demorarán en aparecer esas advertencias a la salud pública? Los automóviles y las fábricas regalan a la atmósfera, cada día, once mil toneladas de gases y humos enemigos. Hay una niebla de mugre en el aire, ya los niños nacen con plomo en la sangre y en más de una ocasión han llovido pájaros muertos sobre la ciudad que era, en tiempos, no tan lejanos, la región más transparente del aire. Ahora el cóctel de monóxido de carbono, bióxido de azufre y óxido de nitrógeno llega a ser tres veces superior al máximo tolerable para los seres humanos. ¿Cuál será el máximo tolerable para los seres urbanos?

Cinco millones de automóviles: la ciudad de San Pablo ha sido definida como un enfermo en vísperas del infarto. Una nube de gases la enmascara. Sólo los domingos se puede ver, desde las afueras, a la ciudad más desarrollada del Brasil. En las avenidas del centro, los carteles luminosos advierten cada día a la población:

Calidad del aire: ruin.

Según las estaciones medidoras, el aire estuvo sucio o muy sucio durante 323 días del año 1986.

En junio de 1989, Santiago de Chile disputó con las ciudades de México y San Pablo, en unos días sin
lluvia ni viento, el campeonato mundial de contaminación. El cerro San Cristóbal, en pleno centro de Santiago, no se veía, oculto tras una máscara de smog. El naciente gobierno democrático de Chile impuso algunas mínimas medidas contra las ochocientas toneladas de gases que cada día se incorporan al aire de la ciudad. Entonces los automóviles y las fábricas pusieron el grito en el cielo: esas limitaciones violaban la libertad de empresa y lastimaban el derecho de propiedad. La libertad del dinero, que desprecia la libertad de los demás, había sido ilimitada durante la dictadura del general Pinochet, y había hecho una valiosa contribución al envenenamiento general. El derecho de contaminar es un incentivo fundamental para la inversión extranjera, casi tan importante como el derecho de pagar salarios enanos. Y al fin y al cabo, el general Pinochet nunca había negado a los chilenos el derecho de respirar mierda.



La ciudad como cárcel

La sociedad de consumo, que consume gente, obliga a la gente a consumir, mientras la televisión imparte cursos de violencia a letrados y analfabetos. Los que nada tienen pueden vivir muy lejos de los que tienen todo, pero cada día los espían por la pantalla chica. La televisión exhibe el obsceno derroche de la fiesta del consumo y a la vez enseña el arte de abrirse paso a tiros.

La realidad imita a la tele, la violencia callejera es la continuación de la televisión por otros medios. Los niños de la calle practican la iniciativa privada en el delito, que es el único campo donde pueden desarro
liarla. Sus derechos humanos se reducen a robar y a morir. Los cachorros de tigre, abandonados a su suerte, salen de cacería. En cualquier esquina pegan el zarpazo y huyen. La vida acaba temprano, consumida por el pegamento y otras drogas buenas para engañar el hambre y el frío y la soledad; o acaba la vida cuando alguna bala la corta en seco.

Caminar por las calles de las grandes ciudades latinoamericanas, se está convirtiendo en una actividad de alto riesgo. Quedarse en casa, también. La ciudad como cárcel: quien no está preso de la necesidad está preso del miedo. Quien tiene algo, por poco qué sea, vive bajo estado de amenaza, condenado al pánico del próximo asalto. Quien tiene mucho, vive encerrado en las fortalezas de la seguridad. Los grandes edificios y conjuntos residenciales son castillos feudales de la era electrónica. Les falta el foso de los cocodrilos es verdad, y también les falta la majestuosa belleza de los castillos de la Edad Media, pero tienen grandes rejas levadizas, altas murallas, torres de vigía y guardias armados.

El Estado, que ya no es paternalista sino policial, no practica la caridad. Pertenecen a la antigüedad los tiempos aquellos de la retórica sobre la domesticación de los descarriados a través de las virtudes del estudio y del trabajo. En la época de la economía de mercado, las crías humanas sobrantes se eliminan por hambre o tiro. Los niños de la calle, hijos de la mano de obra marginal, no son ni pueden ser útiles a la sociedad. La educación pertenece a quienes pueden pagarla; la represión se ejerce contra quienes no pueden comprarla.

Según el New York Times, entre enero y octubre de 1990, la policía asesinó más de cuarenta niños en las calles de la ciudad de Guatemala. Los cadáveres de los niños, niños mendigos, niños ladrones, niños hurgadores de basura, aparecieron sin lenguas, sin ojos, sin orejas, tirados en los basurales. Según Amnesty International, durante 1989 fueron ejecutados 457 niños y adolescentes en las ciudades brasileñas de Río de Janeiro, San Pablo y Recife. Esos crímenes, cometidos por los Escuadrones de la Muerte y otras fuerzas del orden parapolicial, no han ocurrido en las áreas rurales atrasadas, sino en las más importantes ciudades del Brasil: no han ocurrido donde el capitalismo falta, sino donde sobra. La injusticia social y el desprecio por la vida crecen con el crecimiento de la economía.

En países donde no hay pena de muerte, se aplica cotidianamente la pena de muerte en defensa del derecho de propiedad. Y los fabricantes de opinión suelen hacer la apología del crimen. A mediados de 1990, en la ciudad de Buenos Aires, un ingeniero mató a balazos a dos jóvenes ladrones que huían con el pasacasetes de su automóvil. Bernardo Neustadt, el periodista argentino más influyente, comentó en la televisión: Yo hubiera hecho lo mismo. En las elecciones brasileñas de 1986, Afanásio Jazadji ganó un puesto de diputado en el estado de San Pablo. Él fue uno de los diputados más votados en toda la historia de ese estado. Jazadji había conquistado su inmensa popularidad desde los micrófonos de la radio. Su programa defendía a gritos a los Escuadrones de la Muerte y predicaba la tortura y el exterminio de los delincuentes.

En la civilización del capitalismo salvaje, el derecho de propiedad es más importante que el derecho a la vida. La gente vale menos que las cosas. Resulta revelador, en este sentido, el caso de las leyes de impunidad. Las leyes que absolvieron al terrorismo de Estado ejercido por las dictaduras militares, en los tres países del Sur, perdonaron el crimen y la tortura, pero no perdonaron los delitos contra la propiedad (Chile: decreto-ley 2191, en 1978; Uruguay: Ley 15848, en 1986; Argentina: Ley 23521, en 1987).


El «costo social» del Progreso

Febrero de 1989, Caracas. Sube a las nubes, de golpe, el precio del boleto, se multiplica por tres el precio del pan y estalla la furia popular: en las calles quedan tendidos trescientos muertos, o quinientos, o quién sabe.

Febrero de 1991, Lima. La peste del cólera ataca las costas de Perú, se ensaña sobre el puerto de Chimbote y los suburbios miserables de la ciudad de Lima y mata a cien en pocos días. En los hospitales no hay suero ni sal. El ajuste económico del gobierno ha desmantelado lo poco que quedaba de la salud pública y ha duplicado, en un santiamén, la cantidad de peruanos en estado de pobreza crítica, que ganan por debajo del salario mínimo. El salario mínimo es de 45 dólares por mes.

Las guerras de ahora, guerras electrónicas, ocurren en pantallas de videogame. Las víctimas no se oyen ni se ven. La economía de laboratorio tampoco escucha ni ve a los hambrientos, ni a la tierra arrasada. Las armas de control remoto matan sin remordimientos. La tecnocracia internacional, que impone al Tercer Mundo sus programas de desarrollo y sus planes de ajuste, también asesina desde afuera y desde lejos.

Hace ya más de un cuarto de siglo que América Latina viene desmantelando los débiles diques opuestos a la prepotencia del dinero. Los banqueros acreedores han bombardeado esas defensas, con las certeras armas de la extorsión, y los militares o políticos gobernantes han ayudado a derrumbarlas, dinamitándolas por dentro. Así van cayendo, una tras otra, las barreras de protección alzadas, en otros tiempos, desde el Estado. Y ahora el Estado está vendiendo las empresas públicas nacionales a cambio de nada, o peor que nada, porque el que vende, paga. Nuestros países entregan las llaves y todo lo demás a los monopolios internacionales, ahora llamados factores de formación de precios, y se convierten en mercados libres. La tecnocracia internacional, que nos enseña a dar inyecciones en patas de palo, dice que el mercado libre es el talismán de la riqueza. ¿Por qué será que los países ricos, que lo predican, no lo practican? El mercado libre, humilladero de los débiles, es el más exitoso producto de exportación de los fuertes. Se fabrica para consumo de los países pobres. Ningún país rico lo ha usado jamás.

Talismán de la riqueza, ¿para cuántos? Datos oficiales de Uruguay y Costa Rica, los países donde menos ardían, antes, las contradicciones sociales: ahora uno de cada seis uruguayos vive en extrema pobreza, y son pobres dos de cada cinco familias costarricenses.
El dudoso matrimonio de la oferta y la demanda, en un mercado libre que sirve al despotismo de los poderosos, castiga a los pobres y genera una economía de especulación. Se desalienta la producción, se desprestigia el trabajo, se diviniza el consumo. Se contemplan las pizarras de las casas de cambio como si fueran pantallas de cine, se habla del dólar como si fuera persona:
—¿Y cómo está el dolar?

La tragedia se repite como farsa. Desde los tiempos de Cristóbal Colón, América Latina ha sufrido
como tragedia propia el desarrollo capitalista ajeno. Ahora lo repite como farsa. Es la caricatura del desarrollo: un enano que simula ser niño.

La tecnocracia ve números y no ve personas, pero sólo ve los números que le conviene mirar. Al cabo de este largo cuarto de siglo, se celebran algunos éxitos de la modernización. El milagro boliviano, pongamos por caso, cumplido por obra y gracia de los capitales del narcotráfico:: el ciclo del estaño se acabó, y con la caída del estaño se vinieron abajo los centros mineros y los sindicatos obreros mas peleones de Bolivia: ahora el pueblo de Llallagua, que no tiene agua potable, cuenta con una antena parabólica de televisión en lo alto del cerro del Calvario. O el milagro chileno, debido a la varita mágica del general Pinochet, exitoso producto que se está vendiendo, en pócimas, en los países del Este. Pero, ¿cuál es el precio del milagro chileno? ¿Y quiénes son los chilenos que lo han pagado y lo pagan? ¿Quiénes serán los polacos y los checos y los húngaros que lo pagarán? En Chile, las estadísticas oficiales proclaman la multiplicación de los panes y a la vez confiesan la multiplicación de los hambrientos. Canta victoria el gallo. Este cacareo es sospechoso. ¿No se le habrá subido el fracaso a la cabeza? En 1970, había un 20 por ciento de chilenos pobres. Ahora hay un 45 por ciento.

Las cifras confiesan, pero no se arrepienten. Al fin y al cabo, la dignidad humana depende del cálculo de costos y beneficios, y el sacrificio del pobrería no es más que el costo social del Progreso.

¿Cuál sería el valor de ese costo social, si pudiera medirse? A fines de 1990, la revista Stern hizo una cuidadosa estimación de los daños producidos por el desarrollo en la Alemania actual. La revista evaluó, en términos económicos, los perjuicios humanos y materiales derivados de los accidentes de autos, los congestionamientos del tránsito, la contaminación del aire, del agua y de los alimentos, el deterioro de los espacios verdes y otros factores, y llegó a la conclusión de que el valor de los daños equivale a la cuarta parte de todo el producto nacional de la economía alemana. La multiplicación de la miseria no figuraba, obviamente, entre esos daños, porque hace ya unos cuantos siglos que Europa alimenta su riqueza con la pobreza ajena, pero sería interesante saber hasta dónde podría llegar una evaluación semejante, si se aplicara a las catástrofes de la modernización en América Latina. Y hay que tener en cuenta que en Alemania el Estado controla y limita, hasta cierto punto, los efectos nocivos del sistema sobre las personas y el medio ambiente. ¿Cuál sería la evaluación del daño en países como los nuestros, que se han creído el cuento del mercado libre y dejan que el dinero se mueva como tigre suelto? ¿El daño que nos hace, y nos hará, un sistema que nos aturde de necesidades artificiales para que olvidemos nuestras necesidades reales? ¿Hasta dónde podría medirse? ¿Pueden medirse las mutilaciones del alma humana? ¿La multiplicación de la violencia, el envilecimiento de la vida cotidiana?

El Oeste vive la euforia del triunfo. Tras el derrumbamiento del Este, la coartada está servida: en el Este, era peor. ¿Era peor? Más bien, pienso, habría que preguntarse si era esencialmente diferente. Al Oeste: el sacrificio de la justicia, en nombre de la libertad, en los altares de la diosa Productividad. Al Este: el sacrificio de la libertad, en nombre de la justicia, en los altares de la diosa Productividad.

Al Sur, estamos todavía a tiempo de preguntarnos si esa diosa merece nuestras vidas.

(1991)
FUENTE: MARTING

sábado, 24 de octubre de 2015

LA LEYENDA DEL POÁS: EL SACRIFICIO DEL RUALDO


Costa Rica es un hermoso país de la América Central cuya exótica Geografía exhibe selvas espesas y montañas jalonadas por fieros volcanes. Uno de ellos es el Poás.

En las selvas que se extienden en los alrededores del coloso, viven infinidad de aves cantoras, muchas de ellas con nombres curiosos y muy originales. Sólo una, la más bella por los colores de su plumaje, es muda. Se llama Rualdo y es el principal protagonista de una hermosa leyenda indígena.

Cuenta esta leyenda que hace muchos siglos, antes de la llegada de los conquistadores, el Rualdo era un ave de plumaje corriente pero su canto era el más bello y melodioso de toda la selva.

En los límites de la jungla, cerca del volcán, había un poblado indígena. En una de sus chozas vivía una hermosa muchacha huérfana, amiga de los pájaros…

Todas las mañanas, al dirigirse al río con un pequeño cántaro, la doncella caminaba lentamente, mientras escuchaba extasiada el hermoso canto de las pequeñas aves…

En cierta ocasión, una pareja de Rualdos anidó cerca de su choza. Día a día la joven observaba complacida el alegre ir y venir de los pajaritos, llevando alimentos a su pequeñuelo.

Una mañana…

Qué extraño, hace dos días no oigo el canto de los rualdos y el pequeño no hace más que piar desesperadamente.

Algo tuvo que haberle ocurrido a los padres… jamás podrían abandonar a su cría así por así…

Ven conmigo amiguito, yo te cuidaré hasta que seas grande y fuerte. Conmigo nadie te hará daño.

Desde entonces la muchacha se dedicó con sumo esmero al cuido del indefenso paj arillo. El animalito pronto creció y se hizo vivaz y cantarín, alegrando con sus trinos la morada de la solitaria joven.

El vínculo que se estableció entre el Rualdo y su ama, llegó a ser entrañable. El ave acompañaba a la joven en todo momento y lugar, ella le contaba sus cuitas y confidencias.

Un día…

¡La furia del Poás se ha desatado!

La tierra tembló violentamente y los habitantes del poblado salieron de sus chozas, presas del pánico. Mientras bajaban torrentes de lava por las laderas del volcán.

¡El dios del volcán está molesto, hay que calmar su furia antes de que sea demasiado tarde!

¡Reverenciamos tu grandeza gran dios del fuego y del trueno… compadécete de nosotros!

Los brujos pronunciaban oraciones ininteligibles y le ofrecían al dios volcánico animales y frutas. Mientras tanto, la joven huérfana corrió a esconderse al interior de su choza.

No temas pequeño Rualdo, pronto pasará la furia del gran dios. El volcán rugía cada vez con mayor furia.

El gran dios no se conforma con nuestras ofrendas… parece pedir algo más…

Sí… y yo creo saber que quiere…

El brujo más anciano decidió acercarse a la lava para confirmar sus corazonadas

Quiere un sacrificio humano

¡Soy tu confidente, gran dios del fuego… dime con qué ofrenda calmaremos tu furia!

El monstruo confió sus secretos al gran brujo…

Quiero en sacrificio a la doncella más hermosa del poblado… la doncella más hermosa del poblado…

… La doncella más hermosa del poblado… yo sé bien donde vive… en la vieja choza con su Rualdo.

El brujo convocó a todos los líderes del poblado y los enteró sobre los deseos del dios del Poás.

No hay tiempo que perder, vamos por esa doncella antes de que sea demasiado tarde.

En el interior de la choza, la joven yacía escondida en un rincón, acompañada de su Rualdo. Su corazón parecía avisarle del peligro que corría su vida.

De pronto…

Sabemos que estás ahí muchacha, hemos venido por ti para sacrificarte al gran dios del fuego.

No por favor, no quiero morir.

Es inútil que implores piedad muchacha, todo el pueblo atiende los deseos del gran dios del volcán.

La doncella pronto comprendió su imposibilidad de luchar contra los designios de su pueblo. Su vida y su belleza eran inevitablemente el precio a pagar para salvar a los suyos de una muerte segura.

Si me niego al sacrificio, el dios del volcán aniquilará entonces a todo este poblado y yo, de todas formas, moriré. Ofrendaré mi vida para cumplir la voluntad de mi raza y salvar así a muchas vidas inocentes.

Venciendo sus temores, la muchacha se entregó a los supremos sacerdotes.

A lo alto, el monstruo volcánico esperaba impaciente a su víctima.

El sacerdote condujo a la doncella cerca del cráter. Ahí, mascullando oraciones, la dejó en libertad para que avanzara hacia el fuego. No podría ya retroceder, a sus espaldas esperaban los cuchillos del pedernal…

Por el bien de mi pueblo, por la salvación de mi raza, acógeme en tus entrañas, gran dios del fuego y de la lava…

La muchacha dio unos pasos vacilantes y entonces…

Gran dios del Poás, te imploro el perdón para mi ama…

Volando en círculos sobre el cráter, mientras burlaba las lenguas de fuego, el Rualdo habló al volcán en el lenguaje misterioso de la naturaleza…

A cambio de su vida te ofrezco la armonía de mi voz

Y el Rualdo cantó como nunca antes lo había hecho. La maravilla de sus melodiosos trinos vibraron en el ambiente, ahogando el rugido del coloso volcánico.

El Poás se enterneció, la dulzura de los cantos hicieron saltar sus lágrimas, llenándose con ellas el cráter en medio de una gran humadera.

El fuego y la lava se extinguieron, ocupando en su lugar una hermosa laguna que cubrió gran parte de la oquedad del volcán.

Testigos maravillados de tan soberbio espectáculo fueron la hermosa doncella huérfana y su noble Rualdo, el cual seguía volando en círculo sobre el enorme cráter…

Las ardientes emanaciones del fuego extinto habían secado su voz para siempre pero el calor doró sus plumas y las matizó de hermosos colores azul y verde.

En adelante la selva jamás volvería a deleitarse con la mágica armonía de sus trinos, pero su hermoso plumaje sería una melodía visual para todos aquellos que gozaban del privilegio de verlo volar sobre bosques y montañas. La doncella regresó a la aldea, en medio del asombro y el silencio reverencial de toda la población.

Cuenta la leyenda que el Poás, ennomblecido por el sacrificio del Rualdo, nunca dejó de llorar. De cuando en cuando deja escapar chorros de vapor caliente… son los llantos tardíos del gran dios del fuego y de la lava…

Oscar Sierra Quintero

FUENTE: MITOSYLEYENDASCR

LA LEYENDA DEL URUTAÚ


Ñeambuí era hija de un aguerrido cacique guaraní, que se había instalado con su gente en un lugar hermoso, muy codiciado por sus vecinos. La joven guardaba un recuerdo triste de las continuas luchas que su padre debió enfrentar para conservar ese paraje de la invasión de sus enemigos, y de cómo el cacique con el correr de los años se había vuelto cada vez más duro e implacable.

Hacía tiempo que Cuimaé, el joven cacique de una tribu vecina, estaba enamorado de Ñeambuí. La muchacha aceptaba los regalos que le traía su pretendiente, pero después corría al monte a jugar con los pájaros y a trenzar guirnaldas de flores para adornar sus cabellos negros.

Un día su padre le ordenó que aceptara a Cuimaé por esposo, así las dos tribus unidas podrían luchar mejor frente a cualquier invasor. Ñeambuí obedeció el mandato de su padre y Cuimaé, feliz, comenzó los preparativos para la boda. La joven también se sintió contenta, aunque seguía recorriendo el monte a pesar de las advertencias de su enamorado, quien temía por ella, ya que conocía muy bien los peligros de la selva.

Una mañana la joven escuchó gritos y al salir de, su toldo vio a los guerreros preparándose para la lucha; una tribu vecina se aprestaba para invadirlos y el cacique, ayudado por Cuimaé iba decidido a luchar hasta las últimas consecuencias.

Después que partieron, Ñeambuí se refugió de nuevo en su toldo; no podía unirse a las otras mujeres de la tribu, que sentadas alrededor de una fogata, clamaban por el triunfo de sus hombres. Sufría demasiado al imaginar la lucha, pues pensar en los heridos y muertos de uno u otro bando, la llenaba de tristeza.

Llegó la noche y aún los guerreros no habían vuelto, cuando Ñeambuí escuchó de pronto un extraño lamento. Primero sintió miedo, pero después casi contra su voluntad, se asomó afuera y vio la sombra de un hombre, iluminada por la luz tenue de la luna. Le pareció que se paralizaba de terror, y ya estaba a punto de pedir auxilio, cuando la sombra se desplomó. Entonces impulsada por una fuerza extraña se acercó y vio a un joven indio tendido en el suelo. Por su vestimenta se dio cuenta que era de una tribu enemiga y al inclinarse sobre él, descubrió que tenía una profunda herida en una pierna. Supuso que, confundido, no se había dado cuenta que se introducía en el campamento del enemigo.

Sacando, fuerzas de flaqueza, la muchacha lo arrastró hasta ocultarlo detrás de su toldo, que quedaba algo apartado de los demás. Después buscó hierbas y ungüentos que aplicó sobre la herida del joven. Este abrió un momento los Ojos y al verla, la miró extasiado. No entendía cómo esa bella muchacha lo estaba cuidando. Desconcertado, pero ya más aliviado de su dolor quedó dormido.

Cuando Ñeambuí lo vio descansar tranquilo, entró rápidamente en su toldo y trató de calmarse. Temía por la suerte del joven enemigo y conociendo el carácter de su padre, deseó que el muchacho, una vez repuesto, se alejara de allí lo antes posible. Envuelta en sus temores quedó ella también dormida y soñó con el indio herido, cuyas facciones le hablan parecido muy dulces.

La despertaron los gritos de los hombres que volvían de la lucha. Temblando se asomó afuera y escuchó que su padre y Cuimaé la saludaban; se acercó tratando de no hacer caso de los latidos de su corazón.

La mirada de los guerreros era dura; habían podido frenar los avances del enemigo, pero a costa de la pérdida de muchos hombres. El cacique dijo a su hija:

-Muy pronto se festejarán tus esponsales con Cuimaé; es un valiente guerrero y tendremos que partir de nuevo, pero antes quiero que sea tu esposo.

La joven se inclinó ante su padre, mientras Cuimaé se adelantaba para abrazarla. En eso se escucharon gritos y algunos soldados trajeron prisionero al joven enemigo. Lo arrastraban, ya que apenas podía caminar y el cacique, ordenó que lo encerraran inmediatamente.

La muchacha no pudo evitar lanzar un suave quejido; sólo, fue escuchado por Cuimaé que observó la palidez de su rostro y mil sospechas lo invadieron. Hacía tanto que esperaba a Ñeambuí, hacía tan poco que ella le sonreía como aceptando su cariño, que ya no podía tolerar ningún rechazo. Fue así que preparó los festejos para la boda con un apuro febril.

Ñeambuí por el contrario parecía languidecer día a día y mientras las mujeres de la tribu le probaban la túnica nupcial, mientras alrededor de ella los preparativos se sucedían unos a otros, permanecía pasiva en medio del bullicio ... La mirada resignada del joven prisionero la perseguía constantemente, y a menudo paseaba como por casualidad frente al toldo donde estaba encerrado. El joven también se había sentido hechizado por la dulce india y aunque sus miradas sólo se encontraban fugazmente, expresaban todo lo que los dos sentían. Nadie se percató de lo que sucedía; sólo Cuimaé no perdía los gestos y miradas de la joven, y sentía su corazón estallar de dolor.

La noche anterior a la boda se celebró un festejo prenupcial; después toda la toldería quedó dormida, menos Ñeambuí. Se acercó sigilosamente al toldo del prisionero ... hasta su guardián dormía. Haciendo un gran esfuerzo pudo desatar las lianas que lo sujetaban y los dos huyeron al monte. Allí, apenas iluminados por la luna, se abrazaron; no se imaginaban que Cuimaé, enloquecido de celos los había seguido.

Desesperado, el joven cacique sacó la flecha más afilada de su carcaj y, armando su arco, la despidió con fuerza sobrehumana. Ñeambuí y el joven se desplomaron, mientras la selva vibró bruscamente, sacudida por una carcajada de loco.

Amor y odio habían sido demasiado fuertes para Cuimaé, pero los dioses se compadecieron de él y lo convirtieron en ave ... Desde entonces el Urutaú recorre los campos con sus tristes lamentos. Todas las noches llora a su bienamada y recién descansa al amanecer.


Fuente: http://www.corrienteschamame.com/?informe=28

FUENTE: AGENCIAELVIGIA

jueves, 22 de octubre de 2015

BLANCO BUENO BUSCA NEGRO POBRE: EL LADO OSCURO DE LA AYUDA AL DESARROLLO


"El continente africano es un inmenso cementerio. Un cementerio plagado de proyectos abandonados: hospitales que nunca llegaron a ser inaugurados, letrinas que no se utilizaron, granjas de pollos que han durado tanto como las subvenciones, guarderías en ruinas que jamás han visto un niño, ordenadores viejos parados por falta de electricidad..." 

Así describe el antropólogo Gustau Nerín el mundo de la ayuda al desarrollo, en su libro "Blanco bueno busca negro pobre". Estos son algunos fragmentos:

"En África todo el mundo sabe que las políticas de cooperación no funcionan o, como mínimo, que no sirven para lo que se supone que deberían servir. Pero este secreto de dominio público no llega a Occidente, donde la acción humanitaria se presenta como la solución a todos los problemas africanos." "No hay nadie que critique los proyectos de cooperación. Nadie se atreve a cuestionar una cosa que se ha hecho con «buena voluntad»".


"Ante este papanatismo, es imprescindible decir algunas cosas bien claras: la

historia de la cooperación al desarrollo en África es la historia de un fracaso. Nunca tanta gente con tan buenas intenciones había dedicado tantas energías a una causa tan inútil. Hace ya cincuenta años que se impulsan políticas de desarrollo en el continente africano. A lo largo de estos cincuenta años, estas políticas de bien poco han servido. Y, en numerosos casos, incluso han sido contraproducentes".

"No hay ninguna duda de que en el mundo de la cooperación se encuentra gente de mucho valor. Algunos cooperantes han pasado años y años en una sociedad muy distante de la suya, en condiciones precarias, con la firme intención de ayudar a sus habitantes.(...) Pero de la existencia de «buenos» cooperantes no se puede inferir que los proyectos en que trabajen desarrollen África."

“Las ONG viven en un mundo terriblemente competitivo, en el cual para arrebatar donativos a las otras organizaciones no se puede recurrir a argumentos complicados. No es cuestión de iniciar un complejo debate sobre las estrategias de desarrollo, difíciles de entender, sino de sacudir al ciudadano mediante las emociones. Y para conseguirlo, nada mejor que ofrecer imágenes impactantes: niños con vientres hinchados, casas arrasadas por huracanes, inundaciones que arrastran cadáveres putrefactos…”


"Quien contemple los anuncios de las ONG difícilmente podrá deducir que Occidente está explotando a África. En las imágenes, el donante siempre ve a cooperantes enviados por el Norte para resolver unos problemas que el Sur es incapaz de gestionar."

"En 1942, el Comité Internacional de la Cruz Roja se enteró de la existencia de los campos de exterminio nazis, pero no hizo pública esa información por temor a que los alemanes no dejaran trabajar a esta institución en los territorios que ocupaban." "Medio siglo más tarde, en 1994, Ruanda era uno de los países del mundo con más ONG por km cuadrado. Prácticamente, ninguna de ellas denunció los preparativos del genocidio."

Dambisa Moyo., economista zambiana escribió otro libro, "Dead Aid", de crítica a la ayuda sistemática, de gobierno a gobierno, normalmente por medio de instituciones como el Banco Mundial o el Fondo Monetario Internacional, donde ella trabajó. "No ha habido nunca un país en el mundo que haya alcanzado un crecimiento constante y haya reducido la pobreza de manera significativa con las herramientas de la ayuda internacional externa. Simplemente, no ha ocurrido jamás" "Lo que digo es que necesitamos una estrategia de salida. Puede que la ayuda sólo funcione cuando sepamos que el grifo se cerrará en algún momento"



Un funcionario del FMI, que dimitió un año más tarde, redactó un demoledor informe en el que aseguraba que “el sistema de corrupción de Zaire es tan pernicioso que no hay ninguna posibilidad de que sus acreedores vayan a poder cobrar sus préstamos”. Poco después de este informe, el propio FMI concedió a Zaire el mayor préstamo jamás concedido a un país africano; 700 millones de dólares a diez años. 

Dambisa Moyo, empleando datos del BM y del FMI, calcula que en los últimos 60 años se han enviado más de un trillón, con t, de dólares, en términos anglosajones, a África. África sigue siendo la región más pobre del mundo.
Cuando llega la hora de devolver la deuda, los gobiernos no pueden. Es entonces cuando recurre a un nuevo préstamo para pagar el anterior. Además, la ayuda crea inflación. Si en una economía entra de pronto una gran cantidad de dinero pero no se producen más cantidad de bienes, habrá pocos bienes para mucho dinero, con lo que aumenta el precio de las cosas. Con la llegada de la inflación, llega el aumento del tipo de interés, que no hace otra cosa que perjudicar la inversión. Menos inversión equivale a menos empleo, que conlleva más pobreza, y más pobreza implica más ayuda... es lo que ella llama el “círculo vicioso” de la ayuda



La ayuda también ahoga la iniciativa privada de otras maneras. Imaginemos una zona de África afectada por el paludismo, donde un ciudadano local decide crear una empresa para producir redes antimosquito. Empieza a producir redes, y le va bien. De repente, un famoso cantante se entera del problema del paludismo en esa zona, y organiza un concierto por todo lo alto. Consigue recaudar un millón de dólares, y con él compra miles de redes antimosquito e inunda la zona con ellas. Lógicamente, nuestro fabricante se ve abocado a cerrar su empresa y a despedir a empleados, que ya no podrán mantener a sus parientes. Además, las redes se empezarán a estropear, y ya no habrá ningún fabricante que las repare o que produzca nuevas.

"Yo no quiero oír lo que los famosos piensan que deberíamos hacer los africanos así como un canadiense no querría oír lo que opina Michael Jackson sobre la crisis crediticia."

"Quieren centrarse en la guerra, las enfermedades, la pobreza y la corrupción. Ese es uno de los principales problemas con la cultura del famoseo. El enfoque es muy negativo. En mi libro los llamo los cuatro jinetes del apocalipsis africano. Conocí a una mujer africana en Kenia que decía que es muy difícil criar a un adolescente en cualquier lugar del mundo, pero que criar a un adolescente para que sea un ingeniero o un doctor cuando te están diciendo constantemente que eres pobre, ineficaz y que necesitas ayuda de la caridad... Esta no es la fórmula del éxito. Es indignante ver a los famosos, en términos generales, usar sus plataformas para contar básicamente una historia negativa. Esto jamás animará a nadie para que invierta en África."

James Shikwati es otro economista, keniata. "Si las naciones occidentales realmente quieren ayudar a los africanos, deberían terminar con esas horribles ayudas. Los países que más ayudas han recibido son también los que están en una situación más lamentable."



Él pone otros ejemplos clarificadores: "Miles de toneladas de cereales son remitidas a África. Una porción de los cereales va directamente a las manos de políticos sin escrúpulos que luego lo entregan a sus clientes políticos para impulsar su próxima campaña electoral. Otra porción del envío va a parar al mercado negro donde el mercado se vende a precios extremadamente bajos. Los granjeros locales tienen que dejar de usar sus azadas; nadie puede competir con el Programa de Alimentos de la ONU"

En su discurso de posesión como presidente de Estados Unidos el 20 de enero de 1949, Harry Truman anunció al mundo su llamado a Estados Unidos y al mundo para resolver los problemas de las “áreas subdesarrolladas” del globo:

"Creo  que  deberíamos  poner  a  disposición de los amantes de la paz los beneficios de nuestro acervo de conocimiento  técnico  para  ayudarlos  a  lograr  sus  aspiraciones de una vida mejor... Lo que tenemos en mente es un programa de desarrollo basado en los conceptos del trato justo y democrático... Producir más es la clave para la paz y la prosperidad. (Truman, 1964).

Sin embargo, no era tarea fácil. Las Naciones Unidas lo expresaba así en un documento de 1951:"Hay un sentido en el que el progreso económico acelerado es imposible sin ajustes dolorosos. Las filosofías ancestrales deben ser erradicadas; las viejas  instituciones  sociales  tienen  que desintegrarse; los lazos de casta, credo y raza deben romperse; y grandes masas de personas incapaces de seguir el ritmo del progreso deberán ver frustradas sus expectativas de una vida cómoda. Muy pocas comunidades están dispuestas a pagar el precio del progreso económico."


El antropólogo Arturo Escobar lo deja claro: "En vez del reino de abundancia prometido por teóricos y políticos de los años cincuenta, el discurso y la estrategia del desarrollo produjeron lo contrario: miseria y subdesarrollo masivos, explotación y opresión sin nombre. La crisis de la deuda, la hambruna (saheliana), la creciente pobreza, desnutrición y violencia son apenas los síntomas más patéticos del fracaso de cincuenta años de desarrollo."



"La marca Missing Johnny, con la colaboración de Cruz Roja, organizó una colección de otoño-invierno basada en el look cooperante. El mundo de la cooperación reaccionó con indignación, y fue retirado.




Casos más espeluznantes hay todavía:




 


Las dos últimas del fotógrafo Norbert Baksa.

La serie de televisión The Samaritans creada por el keniano Hussein Kurji, denuncia precisamente ciertos absurdos del sector de la ayuda internacional. Esta comedia, que irónicamente se llama Los samaritanos, refleja algunas incoherencias en sus ocho actores: el nuevo director viene desde el extranjero a “gestionar” la ONG sin conocimiento alguno sobre el terreno; muchos de los trabajadores tienen carencia de ética en una organización que por bandera lleva el “ayudar a los demás”; o incluso la propia ONG que no tiene “ningún propósito aparente”



Fuentes:
"Blanco bueno busca negro pobre. El lado oscuro de la ayuda al desarrollo" Gustau Nerin
"Dead Aid. Cuando la ayuda es el problema". Dambisa Moyo
http://www.wiriko.org/cine-audiovisuales/kenia-parodia-la-ayuda-humanitaria/
http://www.teledocumentales.com/con-animo-de-lucro/
http://www.ivoox.com/haiti-pais-ongs-audios-mp3_rf_3556506_1.html
"La invención del Tercer Mundo" Arturo Escobar.
http://www.nytimes.com/2009/02/22/magazine/22wwln-q4-t.html?_r=3&
http://www.libertaddigital.com/economia/una-economista-africana-carga-contra-las-ayudas-al-tercer-mundo-1276355758/
http://www.fundacionfaes.org/file_upload/publication/pdf/20130521152551dead-aid.pdf
http://www.africafundacion.org/spip.php?article4204
http://www.ceapedi.com.ar/imagenes/biblioteca/libros/218.pdf
http://www.ted.com/talks/ernesto_sirolli_want_to_help_someone_shut_up_and_listen?embed=true&language=es
http://www.liberalismo.org/bitacoras/1/2685/detengan/ayuda/tercer/mundo/

FUENTE: UNAANTROPOLOGAENLALUNA

PREÁMBULO A LAS INSTRUCCIONES PARA DAR CUERDA AL RELOJ - JULIO CORTÀZAR


viernes, 16 de octubre de 2015

PEQUEÑO ÁNGEL OSCURO - RATA BLANCA


LA VENTANA DEL HOSPITAL - CUENTO

Cuento corto de origen y autor desconocido

La ventana daba a un gran parque con un lago hermoso.

Dos hombres enfermos de gravedad compartían el mismo cuarto de un hospital. Uno de ellos tenía permitido sentarse durante una hora de la tarde para drenar el líquido de sus pulmones. Su cama estaba al lado de la única ventana de la habitación. El otro tenía que permanecer acostado de espaldas sin moverse.

Conversaban incesantemente, un día tras otro, de los temas más variados y, sobre todo, de sus experiencias. Cada tarde, cuando el hombre del lado de la ventana se sentaba, le describía a su compañero de cuarto todo lo que veía en el exterior. Con el tiempo, el hombre acostado de espaldas, que no podía asomarse por la ventana, esperaba ansioso que llegara esa hora durante la cual disfrutaba con los relatos de su compañero.

La ventana daba a un gran parque con un lago hermoso. Los patos y los cisnes se deslizaban por el agua, mientras los niños jugaban en la orilla. Los enamorados se paseaban de la mano entre jardines con flores de todos los colores y árboles majestuosos. Al fondo de este paisaje, en la distancia, se distinguía recortada sobre el cielo una bella vista de la ciudad con sus monumentos. Cuando el señor de la ventana describía todo esto con detalle, su compañero cerraba los ojos y lo imaginaba con una gran sonrisa en su boca. Una tarde, le describió un desfile que pasaba por la puerta del hospital y, aunque no pudo escuchar la banda, era casi como si lo hubiera visto. Otra tarde le retransmitió un partido que jugaban unos niños enfrente, con sus goles y todo.

En otra ocasión le contó con precisión cómo iba vestida la gente y lo que hacían cuando pasaban por allí en su ir y venir. Prácticamente cada vez le contaba una cosa distinta.

Así se sucedían las tardes, los días y las semanas. Una mañana, la enfermera, al entrar en la habitación para el aseo diario, se encontró con el cuerpo sin vida del señor de la ventana, que al parecer había muerto tranquilamente durante el sueño. Al día siguiente, el otro señor pidió que lo trasladaran cerca de la ventana. La enfermera realizó el cambio y después de asegurarse de que estaba cómodo, le dejó solo. El señor, con mucho esfuerzo y dolor, se apoyó en un codo para poder mirar el mundo exterior por primera vez desde su llegada al hospital, ¡por fin podría verlo todo por sí mismo!

Una vez que consiguió incorporarse, miró por la ventana y lo único que vio fue la pared gris de un edificio. Confundido y triste a la vez, llamó a la enfermera y le preguntó si sabía por qué su compañero muerto le había engañado describiendo tantas cosas maravillosas y distintas de lo que se veía por la ventana. La enfermera le respondió: "Tu compañero era ciego. Ni siquiera podía ver la pared de enfrente. Un día me comentó que lo hacía para animarte".


Es una tremenda felicidad el hacer felices a los demás, sea cual sea la propia situación.

El dolor compartido es la mitad de pena, pero la felicidad, cuando se comparte, es doble. Si quieres sentirte rico, solo cuenta todas las cosas que tienes y que el dinero no puede comprar.

FUENTE: WEBISLAM

TAN LEJOS DE AQUEL SUEÑO - RATA BLANCA


LOS INCREÍBLEMENTE CLARIVIDENTES SABIOS DE LA ANTIGÜEDAD: APOLONIO DE PERGA

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Un lúcido hombre de ciencias que creó algunos de los nombres más famosos de la geometría y además fue tesorero de un célebre faraón egipcio. Te presentamos los hechos fundamentales en la vida del inteligente y hábil Apolonio de Perga, un científico que vivió entre los siglos III y II a. e. c.
La teoría de los epiciclos


Por fortuna, los sabios de la antigüedad no se conformaron con endosar a los dioses la responsabilidad por explicar el funcionamiento del universo. Indagaron, imaginaron, se hicieron preguntas y formularon respuestas. Se equivocaron en muchas ocasiones, lo que no impidió que varias teorías se convirtieran en paradigmas hasta ser reemplazadas por otras.

Casi dos mil años antes del invento del telescopio, Apolonio de Perga formuló la teoría de los epiciclos para explicar las variaciones de posición, en movimientos que se suponían circulares, de los cuerpos celestes conocidos (el Sol, la Luna y algunos planetas).

Hubo que esperar hasta la fundación de la moderna Astronomía, por parte de Nicolás Copérnico, con su teoría heliocéntrica, 1800 años después de Apolonio, para que el modelo del científico griego fuera desechado.
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Un buen calculista para llevar las cuentas del tesoro nacional



Ptolomeo II Filadelfo fue un faraón egipcio débil como militar, lo cual compensó con el fortalecimiento económico de su imperio. La abundante mano de obra esclava (en el antiguo Egipto, prácticamente todos los extranjeros estaban sometidos a la esclavitud) cultivaba los fértiles campos en las riberas del Nilo y Alejandría era el principal centro de comercio, lo que enriqueció al Estado y a su monarca.

El auge económico requería de un tesorero capaz y Ptolomeo II Filadelfo tenía a mano a un matemático muy competente, Apolonio de Perga, a quien convirtió en su «Ministro de Finanzas».
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El hombre que nombró a las principales secciones cónicas


Las secciones cónicas, es decir, las curvas geométricas que surgen al cortar un cono con un plano en diferentes direcciones, son cuatro: circunferencia, elipse, parábola e hipérbola. Fue Apolonio el que dio a la tres últimas los nombres que seguimos utilizando actualmente.

Apolonio expuso su obra científica en 8 libros en los que analizó las cónicas, de los cuales solo se conservan dos, aunque los aportes contenidos en los originales desaparecidos fueron dados a conocer por sabios posteriores. Formuló y resolvió el problema matemático que ahora lleva su nombre, consistente en encontrar la circunferencia que es tangente a tres circunferencias iniciales dadas.

Razones más que suficientes para que Apolonio de Perga fuera llamado «El Gran Geómetra».

FUENTE: OJOCURIOSO

5 MITOS SOBRE CRISTÓBAL COLÓN EN LOS QUE DEBERÍAS DEJAR DE CREER

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Cada 12 de octubre, en gran parte del continente americano, se celebra el «Día de la Raza», también conocido como «Día de la Hispanidad» o hasta «Día de Colón». Un día muy peculiar, puesto que en diversas regiones del continente se desarrollan distintos eventos, se habla del «descubrimiento de América» y: o se vive como un simple día más del año o se habla todo el día sobre la gran mentira de Cristóbal Colón.

Lo cierto es que mucho, pero realmente mucho de lo que se habla sobre Colón, es una exagerada patraña, un pintoresco mito que ha perdurado a lo largo de los años. Conozcamos algunos de los más grandes mitos sobre Cristóbal Colónque, increíblemente, se sostienen aún en nuestros días. Presta mucha atención... quizá en los próximos días tengas que corregir a tus profesores.

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5. Colón no intentó demostrar que la Tierra era redonda

El mito de que Colón quería demostrar que la Tierra era redonda (y no plana como sostenían las autoridades eclesiásticas que defendían el creacionismo) es de los más comunes y frecuentes al hablar de esta personalidad, pero lo cierto es que profundas investigaciones históricas han demostrado que esto es falso. El hecho de que la Tierra no era plana, sino redonda, se supo miles de años antes, cuando varias personalidades de la antigua Grecia (Pitágoras, Aristóteles y Eratóstenes, entre otros) así lo sugirieron en sus escritos.

En realidad
Colón solo subestimó la circunferencia del planeta, el creía que Europa era mucho más grande de lo que realmente era y que Japón estaba mucho más lejos de China de lo que en verdad estaba, pensando que si navegaba en dirección oeste, llegaría a Asia. Colón simplemente tuvo mucha suerte...

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4. Colón no fue el primer europeo en llegar a América

Como lo vimos cuando hablamos acerca de los tantos mitos sobre los vikingos, uno de los grupos culturales más espléndidos e interesantes sobre los cuales uno puede leer, estos verdaderos expertos de la navegación fueron los primeros en llegar desde Europa a América. Lo hicieron mucho antes que Colón y volvieron a Europa —sin apropiarse de nada—. Numerosas investigaciones sugieren que (también antes que Colón) incluso también hubo contacto previo con civilizaciones orientales.



3. «La Niña» y «La Pinta» no eran los verdaderos nombres de las carabelas de Colón

Las mentiras y errores sobre los viajes de Colón llegan a punto tal que hasta existen equivocaciones respecto a los nombres de las navegaciones. Lo que siempre se dijo es que estas eran: Niña, Pinta y Santa María. Sin embargo, lo cierto es que en la España del siglo XV, las embarcaciones tradicionalmente recibían el nombre de santos y solo la Santa María mantuvo su nombre oficial.«La Niña» y «La Pinta» fue el apodo que los marineros le dieron a Santa Clara, mientras que el verdadero nombre de «La Pinta» se perdió.



2. Colón descubrió América

Alguien simplemente tiene que tener muy pocas luces como para creer que una persona puede descubrir un continente en el que millones de personas vivieron durante miles de años, formaron enormes civilizaciones y culturas realmente espectaculares. Como ya lo mencionábamos, existe amplia evidencia científica de que los vikingos ya habían llegado a este continente mucho antes y al único lugar al que Colón llegó (creyendo que había llegado a Asia), fue al archipiélago de las Bahamas.





1. Colón no hizo nada verdaderamente significante, murió pobre y desconocido

Ahora bien, entonces ¿qué hizo Colón? ¿Qué es lo interesante de Cristóbal Colón? ¿Qué tiene de ejemplar o maravilloso? Nada.

Cristóbal Colón fue un tipo terco que tuvo suerte, aunque tampoco le duró mucho. Murió a los 54 años en España, pobre y desconocido, en una pocilga de Valladolid, después de haber sido detenido durante semanas por la Corona Española por acusaciones de tiranía y brutalidad hacia los pueblos indígenas. En forma posterior, se le negaron las ganancias que reclamó por «sus descubrimientos» y que ya le había prometido el Rey Fernando e Isabel.

Años más tarde, sus herederos reclamaron indemnizaciones a la corona real y hasta hubo varias demandas, conocidas como los pleitos colombinos. En fin, ¿qué opinas al respecto? ¿Qué otros
mitos y errores sobre las historias de Colón conoces tú?

FUENTE: OJOCURIOSO

jueves, 15 de octubre de 2015

LA BELLA ANACAONA (PRINCESA INDÍGENA TAÍNA)

Anacaona. Noble princesa indígena, primera heroína de Haití y esposa del Cacique Canoabo que fue sentenciada a muerte y ejecutada en la horca por orden del gobernador Nicolás de Ovando.

Primeros años

Anacaona nació en la isla La Española, en la actualidad, Haití. Era hermana de Bahechio, cacique de Jaragua y su nombre significaba en la lengua de los indígenas “Flor de oro”. Era una mujer de singular belleza y generoso carácter, lo prueba el que no trató de vengar la muerte de su esposo Canoabo, persona según Cristóbal Colón de no escaso entendimiento y con quien esta reina se había casado, seducida por su renombrado valor.

Los escritores contemporáneos alaban su dignidad, carácter e incomparables gracias. Cultivó con acierto la poesía y fue autora de muchos de los romances históricos conocidos con el nombre de areitos, que los indígenas cantaban en sus danzas populares. La fama de su belleza llenaba toda la isla, y por igual la celebraban indígenas y españoles.

Sus compatriotas la adoraban y ejercía sobre ellos un extraño dominio, aun estando su hermano en vida. Se necesitaron graves y repetidas ofensas para que Anacaona cambiase sus sentimientos hacia los españoles.

Su esposo Canoabo Gobernó la provincia de Managua, situada en el interior de la isla; mas después de haber luchado repetidas veces contra el enemigo invasor, cayó prisionero y murió lejos de su país, en el año 1496, camino a España.
Encuentro con los españoles
Anacaona y Canoabo

Tras la muerte de su esposo, Anacaona se halló acogida en los estados de su hermano Behechio, a donde se retiró ya que pensaba consolidar el poder, pues muchísimos indígenas empezaron a morir víctimas de las largas jornadas o sencillamente de desnutrición. Ella consideraba a los españoles como seres sobrenaturales, y no dejaba de comprender cuan absurdo e impolítico era pretender resistirles. Cuando en 1496, Bartolomé Colón hermano de Cristóbal penetró en los estados de Behechio, salió al encuentro de los españoles la célebre Anacaona, en una litera que llevaban seis indios. No cubría su desnudez más que un delantal de algodón de varios colores, que bajaba hasta la mitad del muslo. Ceñía sus sienes una guirnalda de flores encarnadas blancas, muy olorosas y lucia brazaletes y collar de las mismas flores naturales.

Los españoles dejaron transcurrir dos días en medio de los festejos con que se les obsequiaba, al cabo de este tiempo, cuando había nacido alguna confianza entre Bartolomé Colón y el cacique, manifestó el primero a Behechio y a su hermana Anacaona, que el verdadero objeto de su visita era establecer el protectorado deEspaña sobre aquella región, y logró que le caique aceptase después de una breve discusión. Al año siguiente volvió Bartolomé a la provincia de Jaragua para cobrar el tributo acordado desde el año anterior, y fue tan bien acogido como en la primera visita, tanto por Behechio como por Anacaona.


Hacia el año 1500, llegó a la isla y después a Jaragua un español de distinguida familia llamado Hernando de Guevara, quien se sintió al poco tiempo enamorado de Higuamota, hija de Anacaona y Cabonao, la joven respondió muy pronto a la pasión de aquel extranjero. Guevara pidió en matrimonio a la joven indígena mientras, la madre protegió estos amores, juzgando que un caballero de tan noble presencia y escogidos modales, no podría hacer feliz a su hija. Por desgracia para los amantes, Roldan que por ese tiempo se hallaba en Jaragua y que se había quedado prendado con la belleza de Higuamota, dispuso que Guevara saliese de provincia, éste resistió algún tiempo viviendo en casa de Anacaona, llegando hasta buscar un sacerdote para que bautizase a su amada, mas Roldan que lo supo le hizo venir a su presencia, le repitió las ordenes dadas y sin atender a las protestas del joven que alegaba la fuerza de su pasión y sus honradas intenciones hizo que este lo atacara, enviando a Hernando de Guevara tres días para Cahay.

Tras este breve plazo Hernando de Guevara volvió junto a su adorada, después de varias discusiones, irritado por los obstáculos puestos a su amor, conspiró en contra de Roldan, que descubrió la conjuración, y apresó a su rival en la casa de Anacaona, y a la vista de Higuamota. El prisionero fue conducido a Santo Domingo, reclamado por el almirante Cristóbal Colón.
Reinado

Por el año 1503 reinaba ya Anacaona en Jaragua, por el fallecimiento de su hermano Behechio. La princesa india no conservaba ya hacia los españoles las simpatías de otros tiempos, pues comprobó que los extranjeros habían causado la miseria del país y que se entregaban, sobre todo los compañeros de Roldán, a una culpable licencia. Los tristes amores de su hija Higuamota con Hernando de Guevara la habían afligido no poco, y el bárbaro gobierno de Bobadilla y Ovando, que habían tiranizado a los súbditos de Anacaona, convirtieron el afecto de los primeros tiempos en profundo odio hacia los invasores. Por otra parte, los europeos que habitaban en las inmediaciones y que eran antiguos partidarios de Roldán que en esta parte de la isla habían obtenido tierras, continuaban en la torpe conducta y relajadas costumbres de los días de los que Roldán les acaudillaba, y oprimían continuamente a los caciques inferiores. Como los indios de Jaragua eran los más cultos, inteligentes y pacíficos de la isla, sentían más que los otros las exigencia a que estaban sometidos, sin que obtuvieran nunca justicia en sus reclamaciones, por que sus mas ligeras disputas con los nuestros eran calificadas de peligrosos motines, y la negativa a cualquier injusta pretensión de los europeos interpretada como resistencia la autoridad del gobierno.

Alguien hizo ver a Nicolás de Ovando que los indios de Jaragua conspiraban para expulsar a los españoles. Nicolás de Ovando decide tomar acciones para "domesticar" a los indios y fraguó una de las peores matanzas que se hayan registrado en la historia del descubrimiento. Este marchó sin perdida de tiempo a la hermosa provincia occidental, llevando consigo 300 infantes con espadas, ballestas y arcabuces, 70 jinetes con lanza, escudos y corazas. Dijo que su viaje no tenía más objeto que visitar a su amiga la cacique Anacaona y arreglar el pago del tributo, la princesa india al recibir la noticia, reunió en la más importante de sus ciudades a todos sus caciques inferiores y súbditos principales, para disponer de un recibimiento suntuoso.

Al llegar Nicolás de Ovando con su reducido ejército, Anacaona vino a buscarlo con una numerosa comitiva de ambos sexos, y se entonaron en honor de los españoles los himnos patrióticos o Areitos, en tanto que las jóvenes con ramas de palma en la mano, bailaban en su presencia del mismo modo que en la primera visita, de la que dice Pedro Mártir que:
“…cuando los nuestros vieron salir de los bosques a aquellas jóvenes vírgenes de color moreno claro y agradable, de suave y delicado cutis, de bellísimas proporciones, con el cabello suelto, una redecilla en la cabeza y enteramente desnudas, casi sospecharon que estaban ante una aparición de las dríadas o de las hadas y ninfas que celebraban los poetas clásicos. [1]

La cacique no desmintió en esta ocasión la fama que la atribuía sin igual gracia y divinidad. Alojó a Ovando en la mejor casa de la ciudad, y a los soldados en las casa inmediatas, obsequió a todos sus huéspedes con los frutos que pródiga daba allí la naturaleza y se repitieron por orden suya muchas veces los bailes, juegos y cantos nacionales.

Nicolás de Ovando sin embargo creía que todos estos agasajos tenían un objeto alejar de los españoles la sospecha de una traición, para caer sobre ellos cuando estuvieran descuidados y sacrificarlos, se ignora que razones hubieron para ellos. Puede creerse que se debiera este recelo a las mentiras y calumnias de los miserables aventureros que había en la provincia, pero debieron haber reflexionado que los desnudos indios no de habrían de permitir lanzar el reto a unas tropas vestidas y armadas a la europea y tácticas muy superiores a las de los indígenas.
La traición

No era para que se olvidaran del carácter bondadoso de la princesa india, que no dio abrigo jamás en su alma a la perfidia. Pudo Nicolás de Ovando imitar, si acaso temía algo de los indios, el ejemplo de Cristóbal y Bartolomé Colón, reteniendo en su poder a los caciques, pues la experiencia demostraba que esta era la garantía suficiente de tranquilidad. Por desgracia, sus instintos pocos humanos le impulsaron a obrar en la sospecha como en la convicción hubiera obrado, y preparó un criminal recurso que hiciera abortar la supuesta conjuración de los indios. Fingió corresponder a los obsequios de los naturales, organizando un banquete con el fin de celebrar su posesión como gobernador y para esto invitó a Anacaona y a 80 jefes más. Los indígenas, que por naturaleza eran nobles, creyeron que esta celebración era para que ellos demostraran sus habilidades en los juegos diciendo que estos serian ejecutados por sus soldados. Uno de ellos sería el de las cañas. Los jinetes pasaban en aquellos tiempos por ser de los más hábiles, entre los soldados que componían la pequeña hueste de Nicolás de Ovando, había uno que tenía enseñado a su caballo a corvetear al compás de un violín.

La fiesta de los invasores se fijo para un domingo por la tarde, debiendo celebrarse en la plaza de la cuidad, frente a la casa de Nicolás de Ovando. El jefe español comunicó a infantes y jinetes las correspondientes instrucciones, para que estos asistieran al juego, no con picadas despuntadas ni cañas, sino bien armados. Llegado el día la hora anunciada, se juntaron numerosa cantidad de indios en la plaza atraídos por la novedad del espectáculo. El jefe europeo disimuló sus intenciones y después de comer se puso a jugar Herrón con varios de sus principales compañeros. Los caciques que vieron entrar a la caballería, rogaron al gobernador que diera inicio a la fiesta no siendo las últimas que le instaron Anacaona y su hermosa hija Higuamota.

Entonces Nicolás de Ovando suspendió el juego y se colocó en un sitio desde donde pudiera verle bien a sus soldados, hasta que, juzgando el momento oportuno, hizo la señal convenida. Se oyó en el acto el agudo sonido de la trompeta, las fuerzas que mandaban Diego Velázquez yRodrigo Mejiatrillo, cercaron la casa en la que se hallaba Anacaona y los otros caciques, de los que no escapó ni uno solo penetrando los soldados después en la casa, fueron atando a las vigas que sustentaban el techo a los desdichados prisioneros, llevándose a la ilustre Anacaona, se aplicaron crueles tormentos a los demás caciques, logrando por este medio bárbaro que el dolor se arranca a algunos la declaración, a todas luces falsas, de haber entrado con su reina en la soñada conspiración. Cuando los españoles creyeron haber conseguido bastantes declaraciones para dejar probada la conjura, sin entrar en nuevas investigaciones, incendiaron la casa con todos los caciques en su interior perecieron abrasados por el fuego.

Mientras esto ocurría en el cacicazgo, los jinetes que a la señal de su jefe habían acometido con lanzas y espadas a la indefensa muchedumbre, realizaban una horrible carnicería. No respetaron sexo ni edad. Si alguno movido por la avaricia o la misericordia estrechaba en sus brazos con ánimo de salvar a algún niño, pronto sus compañeros se le arrancaban y hacían pedazos, Fray Bartolomé de las Casas describe los detalles de esta sangrienta tragedia, y no cabe exageración a sus palabras, ya porque en ese entonces residía en la isla, y por que estuvo relacionado con los actores de esta matanza, y también por que su relato conviene entre otros, con el de Nicolás de Ovando, que visitó a los pocos años a esta comarca y repitió varias de las circunstancias de este crimen, tales como haber jugado el gobernador a Herrón minutos antes de la catástrofe y el haber los españoles quemado a los caciques que se dice que pasaban de los 40.
Resultado de la masacre

Diego Méndez, que vivía en Jaragua y que probablemente fuera testigo presencial de las ocurrencias, consigna en su última voluntad y testamento que 84 caciques murieron quemados o ahorcados, y Las Casas fija en 80 el número de los que entraron con Anacaona en la casa que luego fue pasto de las llamas. Las víctimas causadas en la multitud por las caballerías, debieron de ser muchas, entre los sobrevivientes de este atropello se encontraban la pequeña Princesa Taino Guarocuya, quién posteriormente fue entregada a Fray Bartolomé de las Casas para que velara por ella, Higuemota, la hija de Anacaona, Mencia la nieta de Anacaona y el líder Tribal Hatuey, quién posteriormente escapó a Cuba. Una vez en Cuba organizó la resistencia, pero fue capturado en batalla, torturado y posteriormente asesinado. Varios indios que pudieron huir a merced de sus canoas se refugiaron en la isla de Guanabo, a unas ocho leguas de distancia, fueron perseguidos, aprisionados y reducidos a la esclavitud. Anacanoa cargada de cadenas, fue llevada a Santo Domingo.
Muerte

Nicolás de Ovando quién no contento con la aniquilación, se percató que faltaba Anacaona por ser asesinada y sometiéndosele a un proceso, en el que no hubo mas pruebas que las declaraciones prestadas en el tormento por sus súbditos, ni otros testigos más que los españoles la condenó a muerte y fue ahorcada en 1504, a la vista de todo el pueblo a quien tanto había amado y protegido.

Así pagaron los españoles la deuda de gratitud que tenían con una princesa de la que solo habían recibido favores, y que les había perdonado la muerte de su esposo, que pudiendo no quiso tomar venganza durante muchos años, en los numerosos europeos que vivían tranquilos en su Estado. Los españoles continuaron la devastación, con el pretexto de acallar la tuberculosis, por espacio de seis meses. Al cacique Guaora, sobrino de Anacaona, le cazaron como una fiera en las montañas donde buscó refugio, se le llevó a la horca. Parecía que la matanza de los habitantes no iba a acabar nunca.

Buscaban a estos en los lugares más ocultos y retirados, en oscuras grutas o en lo más erizado de las montañas, y allí iban los españoles a buscarlos y los degollaban, diciendo que se habían reunido y armado para provocar la rebelión. Los que sobrevivieron quedaron en la mayor miseria; y cuando la sumisión fue rayana de la esclavitud, se declaró restablecido al orden. Nicolás de Ovando levantó para inmortalizar su figura una ciudad cerca del lago, a la que llamó Santa María de la Verdadera Paz.



Las sospechas de Nicolás y el recibimiento de Anacaona


Es posible que alguno de los hombres de Roldan que odiaban a Anacaona, le dijera falsamente a Nicolás de Ovando, que los indios Jaragua conspiraban para expulsar a los españoles de sus tierras y Ovando decidió tomar acciones para "domesticar" a este infeliz pueblo, fraguando una de las mayores matanzas que se registraron en la historia de la conquista. Ovando inmediatamente marchó a la hermosa provincia Jaragua, con trescientos infantes armados con espadas, ballestas y arcabuces, más setenta jinetes armados con lanzas, escudos y corazas. El conquistador alegaba que su viaje era para visitar a su amiga la cacica Anacaona y arreglar el pago del tributo. La cacica al recibir la noticia les hizo un gran recibimiento, donde reunió a todos sus caciques subalternos y a sus principales súbditos. Al llegar Ovando con su ejército, Anacaona lo recibió con una numerosa comitiva que entono areitos en honor de los visitantes, mientras muchas jóvenes aparecieron bailando totalmente desnudas, con ramas de palma en la mano, del mismo modo que en la primera visita española.
El cronista Pedro Mártir, describió este singular y erótico recibimiento con estas palabras: "…cuando los nuestros vieron salir de los bosques a aquellas jóvenes vírgenes de color moreno claro y agradable, de suave y delicado cutis, de bellísimas proporciones, con el cabello suelto, una redecilla en la cabeza y completamente desnudas, se imaginaron estar ante una aparición de las dríadas o de las hadas y ninfas que celebraban los poetas clásicos".
La cacica Anacaona con su acostumbrada cordialidad, alojó a Ovando en el mejor bohío de la tribu y a los soldados en las bohíos inmediatos, también les dio a sus huéspedes los mejores manjares y a petición de los visitantes se repitieron muchas veces los bailes, juegos y areitos.


La falsedad española


Si Nicolás de Ovando, temía algo de los indios, debió seguir el ejemplo de Cristóbal y Bartolomé Colón, que retuvieron en su poder a los caciques, como garantía de su vida. Pero por desgracia, los instintos inhumanos de Ovando, transformaron sus sospechas en convicción y su mente criminal solo pensó abortar la supuesta conjuración.
Ovando fingió corresponder al recibimiento y a los obsequios de Anacaona, organizando un banquete para celebrar su nombramiento de gobernador y con esta excusa invitó a Anacaona y a ochenta caciques. A nuestros aborígenes, que eran nobles por naturaleza, les dijeron que esta celebración era para los españoles demostrar sus habilidades en los juegos y que estos serian ejecutados por sus soldados, uno de ellos sería el de las cañas. Los Jaraguas muy emocionados veían a uno de los soldados de Ovando, que había enseñado a su caballo a corvetear al compás de un violín.
La celebración de la maldad
La celebración se realizo una tarde de domingo en la plaza, frente al bohío que ocupaba Ovando, quien le había ordenado a sus hombres que cuando asistiesen a los juegos, no llevasen picas despuntadas, ni cañas, sino que fuesen bien armados. Una gran cantidad de tainos esperaban impacientes en la plaza, atraídos por el espectáculo, mientras el despiadado Ovando disimulaba sus intenciones.
Después de comer, Ovando se puso a jugar herrón con sus principales capitanes, mientras los nobles e ingenuos caciques, impacientes por ver la destreza de los españoles en los juegos de la nación taina, le rogaban que diera inicio al tan esperado espectáculo ritual. La presencia de la caballería, siempre era algo muy impresionante para nuestros aborígenes en la época de conquista y allí estaban setenta jinetes, con sus corazas de metal y sus extrañas y mortíferas armas.
En medio de la conmoción emocional que en ese momento vivían los tainos, Ovando ordeno suspender los juegos y se colocó en un sitio donde podía ver el movimiento de sus soldados y cuando lo creyó oportuno, hizo la señal convenida entre ellos. En el acto se escucho el agudo sonido de la trompeta y los capitanes Diego Velázquez y Rodrigo Mejiatrillo, ordenaron a sus tropas rodear el caney donde estaban Anacaona y los demás caciques.

La falsas Confesiones


Los soldados españoles, penetraron al bohío y los hicieron prisioneros a todos. Sin escuchar las suplicas de los sorprendidos caciques, fueron atando a los desdichados en las vigas del techo y se llevaron a la hermosa Anacaona, mientras le aplicaban crueles torturas a los caciques tainos, logrando por este bárbaro martirio, que el dolor les arrancara a algunos la falsa confesión, de haber entrado con su reina en la imaginada conspiración, ya que los tainos nunca pensaron hacer mal a los conquistadores.

La gran masacre de los tainos


Cuando los españoles creyeron haber conseguido bastantes confesiones, sin entrar en nuevas investigaciones, incendiaron el bohío con todos los caciques en su interior, quemándolos vivos en medio de desgarradores lamentos. Mientras esto ocurría con el cacicazgo, a la señal de sus capitanes los jinetes acometieron con lanzas y espadas a la indefensa muchedumbre, estaban realizando una de las más horribles carnicerías de la bárbara historia de la conquista.
Los sanguinarios españoles no respetaron sexo ni edad. Si alguno de aquellos hombres, movido por la misericordia intentaba salvar a algún niño estrechándolo entre sus brazos, otro de sus compañeros se lo arrebataba y lo hacía pedazos.
En ese tiempo residía en la isla Fray Bartolomé de las Casas y describió con detalles esa sangrienta tragedia y no exagero, porque él estuvo relacionado con los actores de esta matanza y también porque su relato concuerda con muchos otros, incluyendo el de Nicolás de Ovando, que visitó algunos años después esta comarca y repitió varias de las circunstancias de este crimen, tales como haber jugado al herrón minutos antes de la catástrofe y el haber quemado a mas de cuarenta caciques.
Resultado de la masacre
Diego Méndez, que vivía en Jaragua y que probablemente fuera testigo presencial de la carnicería, consigno en su testamento que ochenta y cuatro caciques murieron quemados o ahorcados y Las Casas fijo en ochenta el número de los que entraron con Anacaona en la casa que incendiaron.
Las víctimas causadas en la multitud por el ataque de la caballería fueron muchísimas, entre los sobrevivientes de este atropello se encontraron la pequeña princesa Guarocuya, quién posteriormente fue entregada a Fray Bartolomé de las Casas, para que velara por ella. Higuemota, la hija de Anacaona, Mencia la nieta de Anacaona y el gran guapotori Hatuey, quién posteriormente escapó a Cuba. Una vez en Cuba Hatuey, organizó la resistencia, pero fue capturado en batalla, torturado y posteriormente asesinado. Varios indios que pudieron huir en sus canoas se refugiaron en la isla de Guanabo, a unas ocho leguas de distancia, pero fueron perseguidos, aprisionados y reducidos a la esclavitud. Mientras que la hermosa Anacaona cargada de cadenas, fue llevada a Santo Domingo.
Destrucción de una raza cautiva
Nicolás de Ovando, no contento con la aniquilación, se percató que faltaba Anacaona por ser asesinada y sometiéndola a un proceso, en el que no hubo más pruebas que las declaraciones prestadas en el tormento por sus súbditos, ni otros testigos más que los españoles, la condenó a muerte y fue ahorcada a la vista de todo su pueblo a quien tanto había amado y protegido. Así pagaron los españoles la deuda de gratitud que tenían con una princesa de la que solo habían recibido favores y que les había perdonado la muerte de su esposo, que no quiso tomar venganza durante muchos años, aun pudiendo hacerlo y donde numerosos europeos podían vivir tranquilos en su cacicazgo. Los españoles continuaron la devastación, con el pretexto de acallar la tuberculosis, por espacio de seis meses. Al cacique Guaora, sobrino de Anacaona, lo cazaron como una fiera en las montañas donde buscó refugio, para llevarlo a la horca. Era una constante la matanza de los habitantes de la isla.
Buscaban a los aborígenes en los lugares más ocultos y retirados en oscuras grutas o en lo más erizados de las montañas y allí los degollaban, diciendo que se habían reunido y armado para provocar la rebelión. Los que sobrevivieron quedaron en la mayor miseria y cuando la sumisión se convirtió en esclavitud, se declaró restablecido al orden. Nicolás de Ovando, fundó una ciudad a la que llamó "Santa María de la Verdadera Paz".